HOJAS.
Con un chasquido muy tenue, de las ramas se
desprenden.
Las van dejando desnudas pero ya no se
detienen.
Parece que van flotando sobre nubes de
algodones.
Al llegar a tierra firme, con el viento se
entretienen.
Suavemente el viento sopla y las incita a
retozar.
Se organizan de inmediato y se ponen a
jugar.
Unas flotan en el aire, cual navío en
altamar.
Otras más están jugando a la víbora de la
mar.
Las que son más delicadas no desean jugar
con él.
Pero juegan muy aparte a la rueda de san
miguel.
Sólo el árbol no se ríe, pues con él ha
sido cruel.
Cuando ya las hojas secas, se han cansado
de jugar.
Es el viento tan amable que las deja
descansar.
Y se marcha de improviso, a jugar a otro
lugar.
Santana.

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