¡OH, SEÑORA!
Olvidaré su imagen, olvidaré su nombre.
No sé cuánto me lleve, no sé cuándo lo
logre.
Mas no es porque de odio mi alma este
plagada.
Tan sólo es una forma, de proteger mi alma.
Terminaron las esperas, terminó el deseo
imperioso.
De ver cuándo llegaba, de ver cuándo
pasaba.
Ese anhelo incontrolable que tan sólo
alimentaba.
El ego manifiesto de tan hermosa dama.
¡Oh, señora encantadora! Termino la larga
espera.
Ya no habrá más sensaciones, de zozobra, ni
quimeras.
Ahora sé que esto a su alma, ni le afecta
ni le aterra.
Cualquier ser daríase cuenta, por muy tonto
que estuviera.
¡Oh, señora encantadora! No tendré más sus
miradas.
Las miradas de un instante, que jamás
dijeron nada.
Porque fueron tan fugaces que no pude
interpretarlas.
No sé si eran temerosas, o decían una
palabra.
Santana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario